Mate argentino

por Emir Reitano, historiador

 

Desde los remotos orígenes nuestro país se construyó sobre antinomias reales, ambigüedades absurdas y utopías imposibles. La misma creación del Virreinato del Río de la Plata fue realizada sobre la unificación arbitraria de regiones tan diversas como imposibles de unificar, fruto de una política que como único objetivo tenía el de frenar la expansión portuguesa en el área rioplatense: Los españoles no pudieron “tragar” a los portugueses.

Esas mismas regiones al llegar la hora de la independencia buscaron en vano la unidad imposible dejando como corolario el desmembramiento del virreinato, y la larga lucha civil entre Unitarios y Federales ellos tampoco se podían “tragar” entre sí y el resultado de ello fueron los duros años del Rosismo y su impronta autoritaria.

La unidad nacional llegó de la mano de otra utopía: la federalización del país. Por ella se volvieron irreconciliables las posturas económicas del interior ante la abrumadora avalancha comercial agroexportadora que se impuso desde Buenos Aires. Sin embargo los porteños jamás pudieron “succionar” al interior.

Ya en el siglo XX el modelo liberal tuvo que agrandar su espacio político y dejar a los radicales el poder para evitar una nueva lucha fraticida, pero en este caso tampoco los conservadores pudieron “tragar” a los radicales y el corolario fue el golpe de estado de 1930.

Ante la irrupción del peronismo y con él, la llegada de los sectores populares a nuevos escaños de la sociedad, los conservadores y los radicales no pudieron beber ese trago desagradable de “los cabecitas negras en el poder”. El resultado de rivalidad sangró a la Argentina por más de treinta años en donde unos devoraron a los otros.

A partir de los noventa la sociedad Argentina se fragmentó de manera tal que los bandos son múltiples y dispersos pero ninguno puede tragar al otro y las alianzas parecen cada día mas mezquinas y fragmentarias dentro de una nación que no logra superar aun su crisis interna.

“Tal vez la terrible realidad de esta nación se refleje en su bebida nacional y en el accidente más frecuente que ella pueda originar: la bombilla tapada. Esa nación rica en sus propios recursos, productora de alimentos, en donde la mitad de la población se muere de hambre y donde los unos no pueden tragar a los otros, se asemeja tristemente a un mate tapado. Un manjar delicioso, humeante y aromático al que por una absurda obstrucción no podemos acceder”.-